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Somos mujeres los 365 días

Llegó el día, toca celebrar el Día de la Mujer… Al menos ya hemos logrado que desaparezca la coletilla “trabajadora”, que eso lo somos un rato aunque no tengamos un salario… ¡Qué te voy a contar a ti que no sepas!

Sí, el 8 de marzo es ese momento en el año en que la hipocresía hacia la mujer estalla a raudales. Sucede igual que pasa en Semana Santa en cualquier ciudad ‘capillita’ donde los “golpecitos en el pecho” hacen olvidar las malas acciones del resto de año. El 8 de marzo sucede igual. 

Quienes no han defendido nunca a la mujer, ni la igualdad y que piensan que el feminismo es una cosa creada por las ‘feminazis’ (qué término más horrible), ese día, el 8 de marzo, se nombran defensores acérrimos y lucen su mejor sonrisa para decir: “las mujeres no son el sexo débil” (otro término horrible).

Mientras, quienes sufrimos en nuestras carnes la desigualdad (salarial y vital), la violencia machista, los abusos, los chascarrillos, tenemos que aguantar los: Pero ¿tú vas a montar eso? ¿Tú vas a tener sola un niño? ¿Tú no vas a ser madre? ¿No vas a casarte nunca?… Y seguro que me dejó muchos más interrogantes que las mujeres sufrimos cada día, suerte que una vez al año, esas cuestiones no aparecen en la conversación porque “es el Día de la Mujer”…

El 8 de marzo todos dirán que hay que seguir rompiendo barreras, quebrando el ‘techo de cristal’ que nos impide muchas veces acceder a lugares tradicionalmente destinados a hombres…

Cada día (afortunadamente) es más común dar con un chico que ya acepta que la mujer es una más con sus mismas capacidades, aunque también cada día son otros colectivos los que acaban sufriendo el retraso de ciertas personas (véase el famoso autobús naranja). 

Es el Día de la Mujer sí, pero os recuerdo que somos mujeres los 365 días al año y durante toda la vida. Sufrimos, lloramos, reímos, nos enamoramos y también odiamos. Tenemos ganas de pegar y también de follar, no somos ‘estrechas’ ni tampoco putas, somos mujeres, con los mismos deseos y pasiones que los hombres. Trabajamos igual de duro que los demás y nos gusta bailar y cantar y saltar y hacer el tonto cuando toca… Y gritar e insultar cuando la vida nos da un revés.

Amamos, besamos, arañamos, nos enfadamos y también perdonamos (aunque en ocasiones nunca olvidamos). Nos vestimos con zapatillas pero también con tacones cuando nos apetece, porque sí, porque no tenemos que justificar ante nadie el ponernos un vestido de fiesta o el llevar vaqueros. Nos maquillamos si se nos antoja y vamos con la cara lavada si nos sale de ahí abajo. Somos mujeres, no muñecas. 

Tenemos inquietudes y conflictos. Penas y alegrías y en ningún momento dejamos de ser mujeres, porque ser mujer no es un estado ni una imposición. Ser mujer es nuestra vida misma y no nos arrepentimos de ello ni de experimentar nada de lo descrito anteriormente. 

No se es menos feminista por llorar con una película romántica o por querer compartir la vida con alguien, como tampoco se es menos mujer por hacer justamente lo contrario. 

Somos mujeres los 365 días del año y lo somos con todo, al completo. 

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